miércoles, 16 de febrero de 2011

Manuel Gómez Vélez, "Manolo el de Huelva"


El guitarrista nació en Riotinto el 16 de noviembre de 1892 y murió en Sevilla el 12 de mayo de 1976. Se inició en Huelva donde residió desde niño y apareció ya a los dieciocho años en Sevilla como concertista que alterna música académica con la flamenca. Fue un guitarrista muy completo porque ya por esa época es el tocaor preferido de Manuel Torre; don Antonio Chacón, que lo distingue públicamente; de la Niña de los Peines, con la que mantuvo una estrecha relación artística, y de Tomás Pavón. En 1922 fue tocaor oficial del célebre concurso de Cante Jondo de Granada. En el mismo año actúa en Huelva en un festival junto a Chacón, Manuel Torre, Caracol y El Gloria, donde interpreta solo varias composiciones a requerimiento del público. Al año siguiente, en la misma ciudad, vuelve a actuar junto a Manuel Torre, Niño Medina y Pepe Marchena. Durante los años treinta realizó numerosas giras por España, principalmente con Manuel Vallejo. En los años cuarenta vive en Sevilla, frecuentando los cuartos de la Alameda de Hércules acompañando el cante de El Sevillano y Pepe el Culata.
Los años cincuenta y sesenta los vivió en Madrid, haciendo su centro del Figón de Santiago, con una temporada en el Tablao Zambra. A finales de los sesenta regresó a Sevilla, donde permaneció hasta su muerte. Una de sus últimas actuaciones públicas fue, en 1974, en Santander, en el curso de música de la Universidad Menéndez Pelayo en el Palacio de la Magdalena. Puso música con su guitarra a una película de La Argentinita y grabó discos como solista en su juventud; también acompañó en discos a Enrique Orozco, Manuel Centeno, Canalejas de Puerto Real y Manuel Vallejo. La III Bienal de Arte Flamenco Ciudad de Sevilla editó grabaciones que el de Huelva hizo expresamente para Marius de Zayas, junto a otras de Ramón Montoya.
Era conocedor profundo de los cantes y toques antiguos del legendario Paquirri el Guanté, Patiño, Javier Molina, Habichuela, etcétera. A medida que fue haciéndose mayor fue acentuando una extravagancia por la que privó a su estilo de ser más divulgado, reduciendo voluntariamente sus actuaciones a la intimidad de sus admiradores. Todos los cantaores de su tiempo le tuvieron como el acompañante ideal.

Agustín Gómez Pérez

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